Google: lo que vemos y lo que no queremos ver

La asociación de usuarios francesa UFC-QUE CHOISIR denunció a Google a finales de junio con una acción colectiva ante el Tribunal de Gran Instancia de París por incumplir el RGPD. Según la asociación, Google no solicita permiso para utilizar los datos de localización con finalidades publicitarias, y mantiene unas condiciones de uso de los datos agobiantes y laberínticas, con más de 5700 palabras, 57 reenvíos y 100 enlaces a otros contenidos.

Aquí puede verse el vídeo de Youtube con la explicación (en francés):

El 12 de febrero de 2019, el TGI de París dio la razón a esta asociación y condenó a Google por incluir 38 cláusulas abusivas en el uso de datos personales, considerando compatible la invocación de la ley francesa de protección de datos con la defensa de los intereses de los consumidores.

Con esto en la mano, y sin que Google haya movido un dedo para cambiar el modo en el que recaba el consentimiento, ni las condiciones, ahora la asociación solicita una indemnización de 1000€ para cada usuario del sistema Android que ha visto cómo se recopilaban sus datos sin permiso.

En la misma línea, el 21 de enero de 2019 la CNIL sancionó a Google con 50 millones de euros, a iniciativa de NOYB, la asociación que promovió Max Schrems, y de la ONG francesa La Quadrature du Net. El resultado se apoya en las siguientes conclusiones:

1. La información que se da al usuario no es fácilmente accesible y no cumple las obligaciones del RGPD. Entre otras cosas, la información sobre las finalidades, el tiempo de conservación de los datos o sobre qué datos se utilizan para la personalización de la publicidad, están excesivamente diseminadas en diversos lugares. Además, si se quiere disponer de la información completa, el mecanismo es complejo, implicando en ocasiones más de 5 o 6 acciones por parte del usuario, como acceder a enlaces o pulsar botones. Y una vez que se llega, la redacción no es clara.

2. Aunque Google dice tener el consentimiento de los usuarios para el tratamiento de los datos, la CNIL no lo admite porque la información que se les da está tan diluida que no les permite entender su amplitud. Esto provoca que el consentimiento que se otorga no sea específico y unívoco.

El asunto tiene las mismas causas que el planteado ahora por UFC-Que choisir: ni se informa ni se recaba el consentimiento de un modo adecuado.

Visto el asunto, vamos a entrar en materia… ¿es esto tan complicado de cumplir? No, en absoluto. Es puridad, es cuestión de diseño a la hora de mostrar las condiciones y de su aceptación, y modificar los sistemas internos de la empresa para que respondan a lo que el usuario quiere, no tiene más complicación. Es cuestión de voluntad, y ahí está el problema.

En una primera aproximación  nos podemos dejar llevar por la superficialidad, pensando que Google no se entera de cómo cumplir el dichoso RGPD, y que claro, como son “yankees”, pues se la trae al pairo… “allí las cosas funcionan diferente”… “como ganan tanto las sanciones les dan igual”… El más avezado diría que su modelo de negocio sufriría muchísimo teniendo que pedir a cada europeo que utilice sus sistemas el consentimiento, cosa que es verdad.

Prácticamente todas las controversias que surgen en protección de datos sobre los grandes de Internet tienen en común la recopilación de información sin el consentimiento del feliz usuario. Todo esto es lo que vemos, batallitas ante autoridades nacionales protección de datos y tribunales contra gigantes de Internet que nos pirran a los del sector, y que hacen las delicias de los periodistas.

Pero lo que no queremos ver es mucho más interesante. Lo más importante es que Google no puede cumplir con la legislación europea porque si lo hiciese dejaría de servir a la razón principal por las que la empresa fue creada, que es ser el mejor instrumento de espionaje al servicio de USA jamás desarrollado. Sí, tal cual. Leed los artículos de Nafeed Ahmed en Medium (Primera parte, How the CIA made Google, y segunda parte, Why Google made the NSA). Son extensos, pero merece la pena leerlos para conocer los personajes, entresijos y maniobras de las agencias de seguridad del gobierno “useño” para crear Google.

Ahora hay gente que anda descubriendo la pólvora con el caso Huawei, que es otra empresa también creada para lo mismo, fundada por Ren Zengfei, que, ¡oh, casualidad!, fue oficial del Ejército Popular de Liberación y es miembro del Partido Comunista Chino. Estos se andan con menos tonterías que los “useños”, que se buscan chavalitos estudiantes de doctorado a los que vender como genios creadores de una gran empresa a los ingenuos ciudadanos, pero al cabo de la calle el objetivo es el mismo.

Además de que permitan ganar mucho dinero estas empresas a sus dueños o accionistas, ambas son instrumentos de espionaje en manos de países que luchan por la hegemonía mundial. De esto va la película. Lo de toda la vida, vamos, que no es nada extraño. Mientras tanto, en Europa, que perdió hace muchísimos años la iniciativa en absolutamente todo, estamos muy entretenidos con nuestra legislación de protección de datos, en la que intervinieron descaradamente los useños cuanto y como quisieron. El resto es literatura y entretenimiento para despistados.

Google, hasta la cocina…

De vez en cuando me gusta hacer una ronda por la oficina estadounidense de patentes y marcas (USPTO), para conocer qué se traen entre manos los gigantes de Internet. Muchas veces digo que  a día de hoy, nos guste o no, “Roma está en Washington”; el Imperio marca la senda a seguir y casi toda la tecnología nos viene de allí.

Tenía guardada una patente de Google desde noviembre del año pasado para escribir sobre ella, porque creo que supera con mucho lo visto hasta ahora en tecnologías invasoras de la privacidad. Se trata de un sistema de sensores, micrófonos y cámaras que pretenden convertir nuestra casa en un “hogar inteligente” en el que casi todos nuestros movimientos y actividades serán escaneados y analizados. Ya pasamos del perfil individual al perfil familiar, de ser monitorizados a través del teléfono móvil a serlo hasta cuando dormimos. Cruza toda la información de ese perfil familiar, y la verdad es que el Gran Hermano de Orwell se queda en un niño de jardín de infancia.

El sistema recogerá información de todas las estancias y dispositivos, y terminará recomendándonos qué comer, a dónde ir, qué comprar o qué ver en la televisión. Esto se venderá como un soberbio servicio al usuario, como una personalización que le beneficia, pero claro, tiene su parte oscura… me pregunto qué se podría hacer con toda esa información dependiendo de en qué manos cayera.

Estoy deseando conocer qué políticas de privacidad darán a aceptar al usuario, porque jamás se me ha presentado un caso semejante. Con tantísimos sensores, interconexiones de dispositivos y demás zarandajas, tiene que ser muy entretenido hacer un registro de actividades de tratamiento de este servicio… Y por supuesto, yendo a lo práctico, no puedo dejar de pensar en qué ocurrirá cuando traigas algún invitado a tu flamante casa inteligente:

Oye, Paco, no podéis entrar todavía porque os tiene que notificar el sistema una larguísima retahíla legal… Voy mientras tanto preparando la cena, que me da tiempo de sobra, ahora os saco unos pinchitos y una copita para  que no se os haga largo…