La televisiones de Samsung: un espía más en casa

Samsung

¿Tienes una televisión inteligente? Pues si es así, debes ser consciente de que tienes en el salón de tu casa un aparato que está enviando información sobre tus preferencias y hábitos a la empresa fabricante. También a otras empresas o personas que desconoces. Lo cuento porque he leído aquí que la tecnología de reconocimiento de voz de las televisiones inteligentes de Samsung captura tu voz y la envía a un empresa sin identificar… y eso no es todo.

Samsung informa en su política de privacidad, pero ya sabemos que la gente no suele leer ningún tipo de aviso legal, ¿verdad que no? Hasta a mí se me pasa muchas veces, y eso que me dedico a estos menesteres. Todos esos textos resultan aburridos y suelen ser muy extensos. Pero veamos qué dice Samsung:

Samsung puede recoger, y tu dispositivo puede capturar, órdenes de voz y textos asociados para que podamos proveerte con las características del Reconocimiento de Voz para evaluar y mejorar sus capacidades. Por favor, ten en cuenta que tus palabras, incluyendo información tanto personal como sensible, estarán entre los datos capturados y transmitidos a una tercera parte a través de tu uso del Reconocimiento de Voz…

Siempre digo que la gente no lee, sino que ve la “tele”. Es uno de los males que aquejan nuestra sociedad. Si el usuario hubiera perdido unos minutos leyendo, se daría cuenta de que esa maravillosa televisión le está escuchando continuamente, y que a la hora de almacenar voz y transmitirla a Dios sabe dónde, no distingue entre un “cambia de canal” a un “¡niño, cállate, que molestas!”. Samsung no identifica qué empresa es esa “tercera parte” a la que envía la voz grabada. Por si fuera poco, más abajo del párrafo de su política de privacidad que he indicado, se exonera de cualquier responsabilidad por cualquier uso que haga ese tercero de las grabaciones. Impresionante: recojo la información, se la paso, pero si pasa algo, a mí no me exijas nada…¡búscate la vida, usuario!

Si desconectas el sistema de grabación, pierdes las funcionalidades del reconocimiento de voz. Así, sin más. Te obligan a tenerlo grabándote si quieres que funcione el reconocimiento, lo que en mi opinión es un despropósito descomunal. Es el equivalente a decirte “sí, muy bien, has pagado por una maravillosa televisión, pero si quieres que funcione con todo, fastídiate y déjanos grabar tu voz y mandársela a quien sea”. Sin opción ninguna a oponerte. Esto que parece tan chocante se había admitido incluso por la Agencia Española de Protección de Datos en el caso del servicio de correo Gmail, como ya conté hace tiempo. Pero lo fundamental es que el servicio era gratuito y se trataba de un intercambio: analizamos tus preferencias y datos para mostrarte publicidad, y a cambio puedes usar gratis nuestro servicio de correo electrónico. En este caso, de gratuito, más bien poco, ya que estas televisiones cuestan lo suyo.

Samsung avisa de que se recogen bastantes más datos, como la dirección IP, la configuración que tengas del hardware y software, información del navegador, las páginas que visitas… Hasta si apagas las recomendaciones personalizadas, los televisores siguen haciéndote un seguimiento de qué estás haciendo. Eso sí, siempre con el sacrosanto objetivo de “mejorar el servicio”. Lo de siempre.

Las empresas fabricantes tienen mucho que aprender todavía. El usuario es lo primero, pero no sólo desde el punto de vista comercial, de satisfacción, o para añadir características y funcionalidades de productos y servicios. También ha de ser lo primero desde el punto de vista de la gestión de su información. A la hora de diseñar aparatos hay que tener en cuenta también las normas de protección de datos, y sobre todo, darle al usuario un control real de lo que sucede.

Los profesionales del ramo nos vamos a divertir con esto que se llama “Internet de los Objetos”. Ahora, después de todos los “llevables”, hemos de añadir las televisiones transmitiendo en directo nuestra información. Se sumarán más electrodomésticos, y prácticamente cualquier cacharrito que tengamos a nuestro alrededor. Va a ser divertido.

Internet de los objetos. Un punto de partida.

EverywareEveryware, the dawning age of ubiquitous computing (Everyware, la naciente era de la computación ubicua) es un libro de Adam Greenfield del año 2006. Lo leí hace un par de años, con la sorpresa de que había sido escrito en 2005, tocando un tema que empezaba a sonar en el sector  de la tecnología. Tal y como dice el autor, la tecnología está dando un salto fuera del ordenador tradicional y metiéndose en la vida diaria. A estas tecnologías de la información ubícuas las llama “everyware”, término que debiéramos añadir ya a los archiconocidos y utilizados “hardware” y “software”.

De una forma bastante amena, y con un esquema bastante sencillo, Greenfield desgrana la realidad tecnológica imperante a mediados de la década pasada para anticipar con bastante acierto qué es lo que estaba por venir. Lo consigue mediante la formulación de 81 tesis, agrupadas en siete secciones temáticas.

Pongamos tres ejemplos de estas tesis para comprobar lo acertado que andaba Greenfield hace ya 7 años:

Tesis 12: el “everyware” actúa a escala del cuerpo humano

Citando literalmente al autor, “el cuerpo humano es una fuente de información en sí mismo, y tarde o temprano es inevitable que sea considerado como una fuente conectada. Los motivos son muchos: para aprovecharlo como una plataforma de servicios móviles; para registrar su posición en el espacio y el tiempo; para reunir información que puede ser utilizada para adaptar la prestación de otros servicios locales, y para obtener un conocimiento preciso y oportuno de sus constantes vitales…” 

Tesis 28: el “everyware” se verá fuertemente impulsado por la necesidad de las empresas de seguir creciendo y abriendo nuevos mercados más allá del PC

Hay que recordar que el primer iPhone es lanzado en 2007 (¡…!). La idea de Apple de llevar un ordenador personal, además de un sistema de localización, al bolsillo de los usuarios, ha sido uno de los pasos más grandes que se hayan podido dar nunca, porque han impulsado el  florecimiento de nuevos productos y servicios centrados en el usuario. Quizá sea el mayor empuje que ha podido tener el “everyware”, la generalización de los teléfonos inteligentes. Y en breve, el abaratamiento de los dispositivos, como ocurre con toda la tecnología, hará que su uso se extienda con más rapidez.

Tesis 74: el “everyware” debe revelarse por sí mismo

Asume el autor que el “everyware” estará implantado a tal escala y en tantos lugares y circunstancias, que estos mismos dispositivos deberían notificar al usuario cuándo está en presencia de uno de ellos. De lo contrario, ese usuario quedaría indefenso y no podría decidir si utilizarlo o no, desconociendo las consecuencias que tiene su uso. ¿No recuerda ésto a la información previa en la recogida de datos…? Se puede conectar con la Tesis 77, que impone la necesidad de que el “everyware” pueda ser rechazado por el usuario (opt-out).

Un total de 81 tesis que hacen el libro no sólo interesante, sino casi de obligatoria lectura y punto de partida para cualquiera que quiera profundizar en el Internet de los objetos. Tiene el interés, como he comentado, de que está escrito en 2005, y que desde entonces muchas de sus predicciones se han cumplido y otras están por venir, lo que hará disfrutar aún más al lector. Ni que decir tiene que para los que nos dedicamos a la protección de datos nos ayudará a entender mejor la tecnología sobre la que ya tenemos que estar asesorando.

Aquí el blog del autor, y la página web de la empresa que dirige en Nueva York,Urbanscale.