Las claus’url’as

clausulasLa expresión genérica “se cederán los datos a las empresas pertenecientes al grupo” es bastante utilizada en los clausulados de protección de datos que el titular no tiene más remedio que aceptar como una condición general.

Pero el último grito en cláusulas es imponer el consentimiento al titular de los datos a una cesión de éstos a un grupo indeterminado de cesionarios, remitiendo la identificación de éstos a una dirección URL:

Asimismo el Usuario consiente expresamente que sus datos personales puedan ser transferidos a los representantes internacionales de ************ y/o distribuidores autorizados exclusivamente para las finalidades señaladas en el párrafo anterior en la forma y con limitaciones establecidas en la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal y en la Instrucción 1/2000 relativa a las normas que rigen los movimientos internacionales de datos. Para mayor información, la identidad de los representantes internacionales y distribuidores autorizados de ************ consta en la siguiente URL: .http://www.**********.es/partners/cps

A un lego le pudiera parecer una solución brillante: coloco una web que puedo modificar a placer, y remito a ella para indicar los cesionarios…

Esta falta de precisión es incompatible con el consentimiento informado que ha de prestar el titular de los datos: ¿quién me garantiza que no se añadirán más, perdiendo el control de quién tiene mis datos? Añadamos que además se trata de una transferencia internacional de datos…

¡Brillante jurista el inventor de esta cláus’url’a!

Empresario Gran Hermano

granhermanoEn noticiasdot.com acabo de leer la noticia con el siguiente titular: “La otra cara del día de Internet: empresas españolas ya bloquean el acceso de sus empleados”.

No es nueva la discusión sobre si el acceso a Internet en el trabajo debe estar permitido sin limitaciones; limitado para ciertos usos, o bloqueado. Según una consultora citada en el artículo, el tiempo que un empleado utiliza en dispersarse utilizando medios para sus propios fines, puede costarle a una empresa hasta 584,77€ anuales, o unas 8,71 jornadas laborales al año. Como es obvio esta consultora vende soluciones de control de horarios y de producción, entre otras, y estos datos son un buen argumento para la venta. Otras consultoras hablan de responsabilidad del trabajador, pero me ha gustado particularmente la posición de Fujitsu, que ha optado por concienciar a los trabajadores sobre el problema, para que éstos sean capaces de racionalizar el tiempo de trabajo.

Los medios de trabajo han evolucionado, y ellos las formas de evasión del trabajador. Antes se disponía sólo del teléfono para evadirse (el que lo tenía), pero ahora hay un instrumento más… y muy controlable. No tendríamos esos datos de “pérdidas de tiempo” tan precisos si el acceso a un PC y lo que se hace en él no fuera sencillo. Seguro que no. Un trabajador puede estar grabado por videocámara, con el PC intervenido desde el departamento de informática de su empresa sabiendo hasta qué teclas pulsa, y por dónde navega, si es que puede navegar. El empresario convertido en Gran Hermano.

Hace poco tuve una conversación en mi empresa sobre el mismo tema. Nuestra conclusión fue que es mejor dejar que se utilice libremente, porque de lo contrario, la sensación del trabajador de estar bajo vigilancia empeoraría el ambiente de trabajo. Nos decantamos por la concienciación, caso de tomar alguna medida.

Este panorama lleva a los empresarios a elegir en la terna control-permisión total-bloqueo. ¿Les gustaría un trabajador permanentemente vigilado, con los tiempos de trabajo?¿Rendiría igual en su puesto?…

Espero que se tome la solución de la concienciación, ya que las imposiciones nunca tienen buenos resultados.