Google, hasta la cocina…

De vez en cuando me gusta hacer una ronda por la oficina estadounidense de patentes y marcas (USPTO), para conocer qué se traen entre manos los gigantes de Internet. Muchas veces digo que  a día de hoy, nos guste o no, “Roma está en Washington”; el Imperio marca la senda a seguir y casi toda la tecnología nos viene de allí.

Tenía guardada una patente de Google desde noviembre del año pasado para escribir sobre ella, porque creo que supera con mucho lo visto hasta ahora en tecnologías invasoras de la privacidad. Se trata de un sistema de sensores, micrófonos y cámaras que pretenden convertir nuestra casa en un “hogar inteligente” en el que casi todos nuestros movimientos y actividades serán escaneados y analizados. Ya pasamos del perfil individual al perfil familiar, de ser monitorizados a través del teléfono móvil a serlo hasta cuando dormimos. Cruza toda la información de ese perfil familiar, y la verdad es que el Gran Hermano de Orwell se queda en un niño de jardín de infancia.

El sistema recogerá información de todas las estancias y dispositivos, y terminará recomendándonos qué comer, a dónde ir, qué comprar o qué ver en la televisión. Esto se venderá como un soberbio servicio al usuario, como una personalización que le beneficia, pero claro, tiene su parte oscura… me pregunto qué se podría hacer con toda esa información dependiendo de en qué manos cayera.

Estoy deseando conocer qué políticas de privacidad darán a aceptar al usuario, porque jamás se me ha presentado un caso semejante. Con tantísimos sensores, interconexiones de dispositivos y demás zarandajas, tiene que ser muy entretenido hacer un registro de actividades de tratamiento de este servicio… Y por supuesto, yendo a lo práctico, no puedo dejar de pensar en qué ocurrirá cuando traigas algún invitado a tu flamante casa inteligente:

Oye, Paco, no podéis entrar todavía porque os tiene que notificar el sistema una larguísima retahíla legal… Voy mientras tanto preparando la cena, que me da tiempo de sobra, ahora os saco unos pinchitos y una copita para  que no se os haga largo…  

Acceso a préstamos: tu círculo de amigos en Facebook puede influir

Está demostrado que mi comportamiento en Internet puede determinar que las empresas puedan subirme o bajarme el precio de un producto o servicio si tienen la información suficiente. Es discriminación de precios pura y dura, y así actúan por ejemplo las compañías aéreas usando las “cookies”.

En 2012 escribí el siguiente comentario, en un post sobre precios basados en el comportamiento, a propósito de un más que probable empleo de nuestra información de nuestros perfiles en las redes sociales:

En muchas páginas web además nos permiten identificarnos con los mismos credenciales de acceso a esas redes, así que con eso se facilita la exploración y posterior explotación de nuestro perfil.

Se veía venir y además me quedé corto.

Guardo en mi Diigo un enlace a una patente de Facebook que se llama “Autorización y autenticación basada en la red social de un individuo”. A priori, si consultas con tus colegas técnicos, el nombre no dice nada del otro mundo, pero como vamos a ver a continuación, esconde algo bastante interesante.

En la explicación de la patente, en un párrafo recóndito, dice lo siguiente:

In a fourth embodiment of the invention, the service provider is a lender. When an individual applies for a loan, the lender examines the credit ratings of members of the individual’s social network who are connected to the individual through authorized nodes. If the average credit rating of these members is at least a minimum credit score, the lender continues to process the loan application. Otherwise, the loan application is rejected.

Cuando alguien use sus credenciales de Facebook para identificarse en la solicitud de un crédito a través de Internet, el prestamista podrá acceder a las calificaciones de crédito de los amigos del solicitante.

Impresionante, y a la vez, tan sencillo que resulta brillante. Gracias a esto se abre la posibilidad de evaluar no sólo el perfil crediticio del solicitante, sino añadir a éste una evaluación de sus amistades, lo que afectará a la decisión final de la concesión o no del crédito. Todo el mundo tiene un círculo de amistades con parecidas circunstancias sociales y económicas, pero hasta ahora creo que ese criterio jamás había entrado bajo la lupa de los prestamistas.

A la vista de ello, cobra sentido que Facebook haya impuesto una política de uso de nombres reales desde hace un tiempo, poniendo las bases para servicios de este tipo donde es esencial la correcta identificación del individuo, llegando incluso a la suspensión de cuentas anónimas bajo denuncia.

Los usuarios lo interpretarán como una invasión más en su privacidad. Los prestamistas defenderán que esto les da mayor seguridad en sus transacciones y una consiguiente disminución del riesgo. Ahora sólo queda esperar a la puesta en marcha esta funcionalidad, que supongo que primero se hará en EE.UU. Luego vendrán las consecuencias prácticas, ya que estoy seguro de que las habrá.