Imagine

No, no se trata de la canción de John Lennon, aunque pudiera parecerlo. Es parte de la contestación que me dio este verano una empresa a través de un sistema de “tickets” de atención al cliente cuando le pregunté que de dónde habían sacado mi dirección de correo electrónico. Después de recibir publicidad sobre un asunto en el que jamás he tenido ni el más mínimo interés, y de una empresa desconocida, entré en su página web y me encontré con que disponían de un formulario donde dirigirte a ellos. Lo rellené preguntando por el origen y recibí la siguiente contestación:

STecnico

Sería aplicable aquello de que es preferible estar callado y parecer tonto que hablar y despejar la incógnita. En tres líneas se cubren de gloria. Resulta que el origen del dato es que “un anterior empleado lo había dejado en un ordenador…”. Por arte de magia, mi dirección de correo estaría paseando por allí, y algún empleado la invitó a entrar en ese ordenador, y se quedó allí a vivir. Claro, en esa situación, ya había que tratarla como si fuera de la casa.

Lo mejor de todo es la excusa… “imagine usted”. Saber de dónde vienen los datos que tenemos, y su origen, es que puede llegar a ser una tarea muy pesada. Imagínese tener que dar explicaciones, por Dios. El caso es que lo imagino, y además, es que es así. Tienen que tienen dar explicaciones con el origen de todos y cada uno de los datos de los que dispone la empresa, por supuesto.

¿Cuántas cosas afloran en tan solo tres líneas? Primero, que la atención al usuario o cliente es penosa. No es admisible una contestación de este tipo. Segundo, que a la empresa le importa más bien poquito esto de gestionar la información, cumplir con la normativa, y que los empleados no han sido formados ni en atención al cliente, ni en el asuntillo de los datos. El problema es que esto es casi generalizado. Muchas pequeñas empresas han caído en las redes de los estafadores del “coste cero” o en las garras de cualquier Chiquilicuatre que dice trabajar con protección de datos, y el resultado son cosas como esta. Piensan que basta con declarar dos o tres ficheros al Registro y hacer un documento de seguridad “copypasteado”. Pero no es así.

Ahora sí que aprovecho la canción de Lennon: querido empresario, sí, sí que tienes que dar explicaciones sobre el origen de mis datos. Es fácil si lo intentas…

Adobe espía tus hábitos de lectura desde su aplicación

AdobeDigEdLa penúltima de los “yankees”: el software gratuito de Adobe Digital Editions almacena cada documento que añades a tu biblioteca, te hace un seguimiento, y envía los datos a la empresa en claro, en abierto, de tal modo que cualquiera que los intercepte puede tener conocimiento de tus actividades. Volvemos a lo de siempre: ¿a quién demonios le importa si me estoy leyendo El Quijote o las 50 sombras de Grey? Esta es una de las ocasiones donde los habrá que digan que no tienen nada que ocultar, y que les da lo mismo, porque total, se trata de hábitos de lectura, cosa “poco importante”.

La noticia aparece por primera vez en el blog The Digital Reader, donde se afirma que la “app” de Adobe envía todos los datos a sus servidores. Ponen a disposición las pruebas, un fichero donde se ve que están siguiendo a los usuarios, y otro donde se prueba que se indexa toda la colección de libros que se pone en la aplicación. También Ars Technica lo ha demostrado, usando las herramientas adecuadas.

Adobe respondió admitiendo que se recogen datos, pero sólo para validar las licencias de uso de los libros prestados, y que sólo se hace para controlar que no se está leyendo en otro dispositivo. Sin embargo, ¿para qué se recoge también el historial de lectura? ¿para qué se recogen y envían también los datos de los libros autopublicados o comprados por el usuario? Las condiciones de uso de Adobe Digital Editions no mencionan esta recogida de datos ni cuánto tiempo se guardan en los servidores de la empresa. Tan solo advierten de que envían la identificación del usuario y del dispositivo, la dirección IP para geolocalizarlo, el porcentaje que se lleva leído y cuánto tiempo se ha tardado en leer.

Parece que estuviéramos en una espiral donde las empresas se dedican a recoger todos los datos posibles de los usuarios, te vendan lo que te vendan, ya sea un lector electrónico, una canción de música o un coche. No se trata de que dejen de hacerlo, sino de que lo hagan bien, informándonos de qué datos se llevan, para qué, y sobre todo, dándonos opción a negarnos a ello.

Como curiosidad,  aquí os dejo la tabla de la EFF donde evalúan el grado de privacidad de los diferentes lectores electrónicos que hay en el mercado, que por cierto, tendrán que poner al día en lo que toca a Adobe.